Estar a la altura o el porqué de la memoria en el periodismo*

*Epílogo del libro ‘Lugares de Memoria’, que publicará próximamente la periodista María Serrano.

Porgrama de televisión 'Ahora caigo, en Antena 3

Porgrama de televisión ‘Ahora caigo, en Antena 3

Sucedió en el siglo XX. Conflicto social, político y bélico. La Pasionaria. Inspiró el Gernika de Picasso. Hubo un alzamiento. Tuvo lugar en España. Dio paso a una dictadura. Nacionales y republicanos. Paró la liga de fútbol. Estas fueron las pistas que un conocido programa de televisión ofreció a dos jóvenes para que adivinaran el acontecimiento histórico en cuestión. Los concursantes, antes de decir que se trataba de la Guerra Civil, apostaron por el levantamiento del 2 de mayo, por el 23-F y por la democracia. Sí, por la democracia. En el mismo programa, pero unos años atrás, una concursante fue incapaz de decir en qué año terminó la Guerra Civil o, mejor dicho, la Guerra de España. Pasó por casi toda la primera mitad del siglo XX. Pero en ningún momento dijo 1939.

Son dos ejemplos que muestran hasta qué punto llega el desconocimiento sobre nuestro pasado reciente. Hasta qué punto se ha proyectado una amnesia colectiva bajo el mantra de las heridas cerradas. Las preguntas eran básicas. No buscaban ningún detalle rebuscado. Era cultura general. No me quiero ni imaginar qué contestaciones hubiese habido si se llega a preguntar, por ejemplo, por los aviones de guerra y el armamento que la Italia de Mussolini vendió a monárquicos españoles el 1 de julio de 1936, antes de que se produjera el golpe de Estado de Franco y los suyos. O por la deuda de 372 millones de marcos que Franco contrajo con Hitler por los servicios prestados durante la Guerra, entre los que se incluye los 99 millones de marcos que costó que la aviación nazi bombardeara Gernika.

La cuestión puede ser aún peor si se inquiere por los crímenes del franquismo. ¿Saben los jóvenes que sólo en Córdoba los sublevados asesinaron a 4.000 personas? ¿Conocen la matanza que las tropas de Franco perpetraron en Badajoz? ¿Y la del Fuerte de San Cristóbal? ¿Y lo de Atocha? ¿Saben que había instrucciones de los mandos militares para causar el mayor número de muertos civiles? ¿Conocen que el puerto de Alicante se convirtió en una ratonera para mayor gloria de la cruzada de Franco? Me temo que en muchos casos la respuesta es no.

Pero dejemos a un lado la Guerra. ¿Tenemos claro como sociedad que las primeras elecciones democráticas en las que votaron tanto hombres como mujeres se celebraron durante la II República? ¿Sabemos cuáles fueron las reformas emprendidas por los gobiernos de izquierdas republicanos que provocaron el levantamiento de los militares? Todo aquello queda muy lejos. Responderá alguno. Vayamos a la Transición, que queda bastante más cerca de la actualidad. ¿Conocen los jóvenes que durante la Transición fueron asesinadas 591 personas? ¿Que 188 ciudadanos murieron por violencia política de origen institucional? ¿Que la inmensa mayoría de esos asesinatos quedaron impunes? ¿Que murieron jóvenes a manos de policías y aquí no pasaba nada? ¿Conocen los andaluces a Manuel José García Caparrós? ¿Y los madrileños conocen a Mariluz Nájera? ¿Y a Arturo Ruiz?

Las tres personas mencionadas fueron asesinadas mientras se manifestaban pacíficamente. A favor de una democracia y en contra de una dictadura. Pero ya no recordamos nada. En esta amnesia colectiva en la que vivimos es fácil decirle a los ciudadanos que las primeras elecciones democráticas en España se celebraron en 1977. Así lo hizo el Ministerio del Interior durante los comicios del 20 de diciembre de 2015. Era mentira. Ellos lo sabían, pero probablemente gran parte de los que recibieron el mensaje se lo creyeron. ¡Te lo está diciendo el Ministerio del Interior! ¿Cómo no te lo vas a creer?

Y así se va creando un falso mito de la Transición en el que parece que la democracia llegó a España de la nada, o peor aún, que fue otorgada por el monarca con la inestimable colaboración de demócratas de toda la vida, como Fraga, y también como Suárez. En el relato oficial no tienen el lugar que se merecen ni los muertos en las manifestaciones, ni las organizaciones políticas clandestinas que lucharon contra el régimen, ni los trabajadores y sus huelgas, ni las asambleas de vecinos que hicieron imposible que el franquismo continuara sin Franco. Tampoco los abogados laborialistas. Esta democracia tendrá muchas pegas, pero sin la lucha de estos y otros muchos colectivos sería mucho peor.

Y ahora que vivimos momentos en el que los derechos conquistados están en peligro, en el que apelando a la etiqueta de reformas pretenden deshacer el camino andado en esta materia, es más necesario que nunca tener presente cuánto ha costado en España tener una democracia. Cuanta sangre derramada en huelgas y protestas para defender el derecho al trabajo digno. Cuantas mujeres golpeadas, represaliadas por el simple hecho de tener ideas políticas. Por eso es más necesario que nunca trabajos como el que aquí presenta María Serrano.

Los lugares de Memoria son emplazamientos que permiten a los ciudadanos familiarizarse con pequeñas píldoras de nuestra historia. Permiten conocer, de un simple vistazo, la existencia de trabajadores esclavos republicanos en las grandes obras del régimen; saber que en Andalucía y en toda España hubo una red de campos de concentración; saber que a poetas como Miguel Hernández, Federico García Lorca o Antonio Machado se les persiguió, condenó y asesinó. Se trata de honrar a las generaciones de españoles que lucharon para que este país fuera un poco más digno.

Pero no sólo eso. La Memoria permite valorar correctamente los derechos y libertades que hoy día disfrutamos. Conocer que nadie nos los regaló. Que fueron conquistados a base de mucho sufrimiento y sacrificios personales. Que ni Fraga, ni Franco, ni Suárez pueden atribuirse el mérito de la democracia. La Memoria nos ofrece las tablas necesarias para que como sociedad nos situemos erguidos y combativos frente aquel que ahora quiere recortar derechos y libertades. Frente a los que condenan a cantantes y juzgan a humoristas por tuits. La Memoria nos permite estar a la altura de nuestros antepasados y saber que nosotros no tendríamos nada sin su lucha y que los que vienen detrás tendrán mucho menos si hoy nosotros no luchamos.

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