10/10/10. Primera y única Gay Parade de Serbia. Protagonistas

Detrás de cada noticia publicada, detrás de cada foto impactante, detrás de la sangre, de los heridos, de los éxitos obtenidos y de las declaraciones de los políticos que sacan pecho o que niegan los acontecimientos hay personas. Personas como tú y como yo, con sus problemas, sus dramas, sus ilusiones. Esta es la historia de muchas de aquellas personas que convirtieron el 10-10-10 en un día histórico en Serbia. Esto es una pequeña parte de las vidas de los protagonistas de la Primera Gay Parade de Serbia.

Fotos: Xermán Peñalver

Es Lazar Pavlovic, presidente de Gay Straight Alliance (asociación organizadora del primer Desfile del Orgullo Gay en Serbia). Es una de esas personas que crean desconcierto y algo de desconfianza a la vez que ternura. Con su gesto de niño bueno  lanza miradas  implacables. No sonrie a menudo cuando habla en público. Lo hace con determinación, sin ceder espacio a la duda. Si lo hace, todo aquello por lo que lleva luchando años puede caerse abajo. No es un juego de niños. Son muchas las personas que confian en él. Y mucho lo que está en juego. Son los derechos a la libertad de expresión y de reunión de todo un colectivo lo que está en juego.  Es la lucha por la visibilidad dentro de su propia sociedad,  por ser igual que los demás. “Sabemos que la celebración de este desfile nos hará la vida más difícil. Y a aquellos que nos dicen que no es el momento yo les digo que siempre  es el momento de luchar por nuestros derechos y no vamos a rendirnos en nuestra lucha.”

“El miedo es algo con lo que aprendes a vivir y a manejar. Si no lo controlas, él te controla a ti. Y eso no es vivir” afirma Boban Stojanovic, presidente de Queeria, centro de promoción de la cultura y los derechos de las minorías. Su cara seria, su mirada limpia y su determinación contrasta con el lenguaje gestual de su cuerpo. Sus manos se mueven aireadamente al ritmo de su voz. Su cuerpo tiene una cadencia delicada y ritmica. Al contrario de muchos, no busca esconder su condición sexual ante nadie. “Serbia es un país tradicional, de costumbres donde curiosamente se respeta la valentía. Y yo lo he sido y lo soy. Cada día salgo a la calle diciéndome esto es lo que soy. ¿Y sabéis qué? Estoy muy orgulloso de lo que soy”


Caminábamos por las calles de Belgrado hacia el lugar donde se celebraría “La Marcha de la Familía”. Aunque antes de llegar nos encontramos con esta estampa. Un centenar de fieles, aproximadamente, salidos de misa caminaban con sus cruces en alto rezando sus credos mientras siguen al protagonista de la marcha. Un importante clérigo serbio que delante de diversas cámaras de televisión, radios y fotógrafos lanza mensajes difíciles de calificar. “La Gay Parade que tendrá lugar mañana es la vergüenza de Serbia. Saldrán a la calle a decir que reclaman por sus derechos…¡vergüenza debería de darles! Deberían estar encerrados en su casa, avergonzados… Lejos de los ojos de Dios y de la sociedad”. Alrededor del grupo de religiosos también se concentraban diversas personas que no daban crédito a lo que sus ojos están viendo. Recuerdo especialmente a una estudiante de 24 años. Apuntaba en su libreta lo que decía el párrofo a la vez escribía sus sentimientos. -“¿Por qué escribes?”– le pregunté, “Para no olvidar la vergüenza que estoy pasando”. -¿Y qué dice el sacerdote- “Dice que en nuestro país no queremos personas desviadas, heréticas, pide a Dios que salve a Serbia de esta enfermedad.”


Aleksandar desprende dulzura y fragilidad por los poros de su piel. Sonríe tímidamente como con miedo de soltar una carcajada. Miedo con el que convive a diario. Aun no ha conseguido librarse de las cadenas que el pensamiento oficial de Serbia, le supone. Habla de todo o de casi todo. De deportes, de literatura… pero sobre todo de cine. Le encanta Amenábar, le apasiona Almodovar y tampoco le pasa desapercibido Bigas Luna. Algún día le gustaría convertirse en director de cine. Este año iba a comenzar ese sueño, estaba inscrito en la Academia de Cine de Belgrado. Sin embargo, meses antes de empezar el curso y coincidiendo con el día de la No-Discriminación en Serbia  decidió confesrle a su padre su homosexualidad tras las insiste.s preguntas del mismo.  “Tienes dos opciones”– le dijo su padre- “O dejar esta casa o convertirte en heterosexual”. “Ya has decidido tú por mí”, le contestó Aleksandar. Ahora vive con su pareja y busca trabajo para conseguir esos ahorros que le permitan reiniciar su sueño mientras colabora en la edición de la revista para público homosexual que sostiene orgulloso. A veces, y en la inmensa mayoría de los países, tu condición sexual y el ser fiel a uno mismo reduce tu número de posibilidades.

Ivan y Miroslav tienen 23 años. Son pareja desde hace aproximadamente un año. La madre de Miroslav se ha dado cuenta de que su hijo está enamorado. ¿De qué no se dan cuenta las madres? El problema es que su pareja no es una mujer y tiene miedo de confesar a su madre la verdad. “Mi novia se llama Ivana, mamá. Pero no estoy preparado para presentarla en casa”. A Iván o Ivana, según para quién, no le hace mucha gracia el asunto. “¿Qué debo hacer yo?” nos pregunta. Los amigos intentan que Miroslav sea sincero a su madre. “Tu madre trabajó durante años de camarera en un bar de ambiente, lo entenderá”. A Miroslav no le hace mucha gracia esta presión. “Una cosa es trabajar para sacar adelante a tres hijos como madre soltera y otra cosa es que uno de esos hijos sea homosexual”, responde Miroslav. “No sé que voy a hacer, estoy perdido” concluye.

“La iglesia ortodoxa está en contra de la Gay Parade, ¿por qué? Porque la homosexualidad está en contra de la naturaleza, fuimos creados por Dios para estar hombre con mujer y estamos aquí para obedecer a Dios. Y Dios lo que quiere es una familia recta, sana y heterosexual”. Estas son las palabras de este sacerdote ortodoxo, quién no quiso facilitar su nombre. Es curiosa la capacidad que tienen algunos de hablar con Dios e interpretar lo que quiere. Y yo que no termino de entender como el mismo Dios puede decirle a cada uno una cosa distinta. A unos que es el pueblo prometido, a otros sobre el paraíso lleno de mujeres, a otros sobre la necesidad de invadir países y a otros sobre los homosexuales… ¿se estará riendo Dios de todos ellos? ¿O está gente se ríe de nosotros?

Isein F. es trabajador de Spy, asociación dedicada a la atención psicosanitaria de la comunidad gay en Belgrado. Nunca ha trabajado como modelo, pero quién lo diría. “Poso así o así. Sonrío o me quedo serio. Que te parece si hacemos la foto en este lugar”. Isein no puede parar de sonreír. Se le ve soñador, inquieto y recuerda sin parar su fin de semana en Barcelona. “No me he sentido más libre en mi vida” señala. “Sueño con un Belgrado a lo Barcelona” afirma. Soñar, afortunadamente en esta dictadura del capital, aun es gratis.

Vladimir and Nikola en la Plaza de la Republica de Belgrado. Lugar de los dramáticos incidentes de 2001, primer intento de la comunidad LGBT de Serbia de organizar una Gay Parade. El intento acabó en tragedia. Decenas de heridos y dramáticas imágenes de manifestantes pateados en el suelo. Tras la celebración el 10-10-10 de la primera Gay Parade de la historia de Serbia, Vladimir y Nikola sienten que han conquistado un poco de lo que perdieron aquel fatídico día. Cuando la calle dejó de ser suya y se convirtió en un lugar ajeno y peligroso. Eso sí, tienen miedo de tocarse, de darse un abrazo… hasta de mirarse. Aun queda mucho por conquistar. Mucho camino por recorrer.

Brazo derecho arriba. Puño cerrado. Su lenguaje gestual muestra firmeza, fuerza, fe en las palabras que pronuncia y en los ideales en los que cree. En las más de dos horas de entrevista que nos concedieron sus ideas parecían lógicas, entendibles y respetables. “Estamos en contra de la Gay Parade porque no es una prioridad para el país. Serbia afronta una de las fases más complicadas de su historia y el Gobierno tiene que maximizar sus esfuerzos para ayudar a los trabajadores y a las familias” dice Nikola Marinkovic (con el puño en alto en la foto). Hasta aquí todo bien. Aunque todo su discurso moderado se cayó abajo cuando los manifestantes y los propios organizadores saltaban junto a los cánticos de “!Maricón el que no vote!” o “Matar al Maricón”. Y yo me pregunto, ¿y es que los homosexuales no son trabajadores? ¿O no forman parte a su vez de una familia heterosexual? La Marcha por la Familia tradicional fue todo un éxito organizativo. Cerca de 1.000 personas desfilaron de manera organizada y libre por las calles de Belgrado. Libertad que muchos de los asistentes a este Marcha no concedieron al colectivo gay al día siguiente. “Tened cuidado a partir de las 6 la mañana de esta noche”- nos dijo al terminar la marcha -“saldrán grupos de caza a pasear por las calles”.

No sé pierdan a la mujer de la chaqueta gris. Justo la que está a la derecha del perrito. Está foto está tomada en la Marcha por la Familia del Sábado. Si miran de la bandera de Europa   la verán en la Gay Parade, justo a la izquierda de la pancarta con una camiseta blanca. Desde luego, hay gente para todo.

Domingo. Día 10 del 10 del ´10. Fecha mágica. El centro de Belgrado amanece desierto y cerrado a cal y canto. Reina un ambiente fantasmal. Sólo los vecinos que bajan de sus portales pasean por la zona. Sus caras reflejan la incredulidad y quizá algo de miedo. Y es que 5.000 policías acordonan la zona en tres cinturones de seguridad. Sólo se puede entrar por un punto de acceso donde todos los asistentes son cacheados. Diversos helicópteros supervisan la zona. La locura llega a su máximo exponente. Bajo un despliegue policial sin precedentes la comunidad LGBT consigue celebrar la 1ª Gay Parade de la historia de Serbia. Buscaban la visibilidad dentro de su propia sociedad. La consiguieron, aunque de espaldas a sus vecinos. Nadie pudo verlos. Estaban solos en una ciudad que parecía en estado de sitio. Una buena metáfora que refleja la soledad y el aislamiento del colectivo LGBT dentro de su propia sociedad.

¿A quién no le suena esta imagen? Aunque los componentes de aquel mítico grupo de Liverpool que cantaba a la amistad y al amor dejan paso a policías armados hasta los dientes. Una muestra más de que el ser humano cada día se supera un poco más en su espiral de locura.

157 heridos y 249 arrestados, 54 de ellos menores de edad. Es el balance final de la batalla que se libró en el centro de Belgrado. Contenedores ardiendo, autobuses volcados, barricadas, asalto de tiendas, piedras volando por todas partes y la dignidad de la sociedad serbia por los suelos. Estas imágenes llenaron las hojas de muchos periódicos europeos durante días. “Escribe que los serbios no somos así” nos repetían sin cesar nuestros conocidos autóctonos. “Esta gente son una banda de radicales”. Es curioso como la cobertura de una noticia puede desvirtuar la imagen de una sociedad harta de ser noticia solo cuando la violencia y el caos llega a sus calles. Boban, serbio de nacimiento, es entrenador de Waterpolo en Zaragoza desde hace más de  5 años y había regresado a Belgrado para jugar un campeonato con sus chicos. Coincidimos con él en el hostal. Repitía sin cesar en un perfecto español “desde Europa sólo nos dan palos, quieren que seamos así y asá, pero ¿cómo nos ayudan? Tachándonos de radicales y violentos solo crean más radicalismo y fanatismo”.

Mientras el caos se apoderaba de la ciudad… Dentro de la muralla se celebraraba el desfile. Desfile de caras serias, de orgullo y de miedo. Pocos cánticos, ningún beso. Desde fuera llegaban mensajes de preocupación. Se escuchaban las sirenas de bomberos, policías y ambulancias. La locura se había desatado. Era un momento histórico, pero también lo hora de preocupación… y de miedo. Había que volver a casa tarde o temprano.

“Lo conseguimos, tras más de 10 años de lucha aquí estamos.” Aunque nadie dentro del desfile podía estar contento y feliz al 100%. Fuera de la muralla policial había comenzado una batalla. La de los grupos homófobos contra la policía. “Es la primera vez que siento que la Policía defiende mi derecho a la libertad de expresión y lucha contra los violentos y los radicales” declara un manifestante que no quiso decir su nombre. “Las cosas se van poniendo en su sitio. Los radicales y los violentos empiezan a dejar de ser aliados del Estado para convertirse en delincuentes, ya era hora” dice la manifestante.

No son muchos los europeos que al mirar la bandera de estrellas se sienten identificados con ella. Sin embargo, cuando uno viaja fuera de las fronteras de la Unión uno se da cuenta un poco, y solamente un poco, de lo que esa misma bandera significa para otra gente. El viejo territorio europeo ha creado un lugar de libertad, de progreso moral y económico donde conviven diferentes culturas y nacionalidades, de dentro y de fuera del territorio. Y decía Amin Maalouf, premio Príncipe de Asturias de las Letras en su discurso conmemorativo que este siglo, si no lo remediamos será recordado como un siglo de regresión moral y ética, “donde se debilita la solidaridad entre naciones y dentro de las naciones y pierde fuelle el sueño europeo…” Y en este tipo de acontecimientos es cuando los europeos deberíamos darnos cuenta del valor de aquello que nuestros antepasados crearon y del valor que tiene seguir luchando por aquel sueño europeo que nació con la Ilustración. El sueño de la convivencia, de la igualdad y de la libertad. Que los malos tiempos que vendrán no nos hagan olvidar a todos lo que ha costado crear este espacio y continuemos luchando por respirar el aire de libertad que nos sustenta y que algunos quieren cortar.

La presencia de Amnistía Internacional en la Gay Parade de Serbia fue fundamental para la Organización y para el propio gobierno de Serbia. Hay quién critica a Amnistía por ocuparse tan concienzudamente de los derechos de la Comunidad LGBT. Sabina Zwiers, representante de Amnistía Internacional durante la Semana de la Gay Parade responde a estos ataques. “La libertad de expresión y la no discriminación es un derecho fundamental para que se puedan cumplir el resto de libertades. Si desde joven eres discriminado y apartado del resto de la sociedad el resto de derechos no tienen valor”. Para todos los asistentes era un respiro que Amnistía estuviera presente y apoyara la Marcha porque tan solo con su simple presencia todos, periodistas y asistentes, nos sentimos un poquito más seguros.

Estas han sido algunos pequeños detalles de las vidas de aquellos que durante dos días o tres fueron noticia en nuestros periódicos. Protagonistas de lo que fue un fin de semana histórico para Serbia. Lo que parecía impensable, se cumplió. Fueron días de miedo, de tensión en toda la ciudad. Todos sabían lo que podía pasar. No fue una sorpresa para nadie. “No hables en alto de la Gay Parade”- nos decían miembros de las Asociaciones organizadoras del evento, “Será un baño de sangre” repetían muchos jóvenes en las calles de Belgrado.

La duda de si Serbia estaba preparada para la celebración de una Gay Parade es más que justificable. La sombra de los sucesos del 2001 estaba en la mente de todos. Algunos grafitis en las calles, mensajes en Internet… anunciaban que había gente dispuesta a repetirlo. La incertidumbre era qué posición adoptaría el Gobierno. Si protegería a los manifestantes o no. Europa había hablado, prácticamente exhortaba al gobierno serbio ha dar protección a los manifestantes si quería seguir contando con opciones de ser país candidato a la UE.

La Comunidad LGBT también tenía sus dudas. Alguna gente consideraba que la Gay Parade sólo traería más problemas para el colectivo. “Lo que hay que cambiar es la manera en la que la homosexualidad se enseña en los colegios o en cómo se muestra la homosexualidad en los medios de comunicación” comenta Dragana Stojankovic. “Pero lo que no tiene sentido es jugarnos nuestra piel en un Desfile cuando en las escuelas aun se sigue diciendo que somos desviados sexuales” sentencia Dragana.

Tras la celebración del Desfile del Orgullo y, sobre todo, tras los incidentes que se produjeron, las reacciones internacionales se fueron sucediendo. La más dura la que provenía del Parlamento Europeo que aseveraba que Serbia se había alejado de la Unión Europea. Un duro golpe para un Gobierno que había hecho un esfuerzo importante a nivel organizativo, económico y también electoral para proteger la celebración del desfile.

Unas declaraciones, las provenientes de Europa, demasiado duras teniendo en cuenta la fragilidad de la posición de su aliado en términos de política interior y lo poco que trabaja la UE su imagen en el país balcánico. El Partido Radical de Serbia, en la oposición con el 47% de los votos, continuó explotando el argumento de que Boris Tadic, actual presidente de Serbia, es un títere de la Unión Europea incapaz de anteponer los intereses de su país a los europeos y cuya principal función es que Serbia digiera y acepte la independencia de Kosovo, en primer lugar, y convertir a Serbia un lugar de perversión (como dice la Iglesia Ortodoxa de Serbia), en segundo.

La realidad de la sociedad serbia es mucho más compleja y complicada de lo que la UE parece entender. La Marcha de la Familia con gritos ultranacionalistas y homófobos celebrada el sábado contaba con una media de edad de 20 a 25 años aproximadamente. Una generación cuyos primeros recuerdos son una guerra, una pos-guerra y el inicio de una crisis tras otra, la independencia de Kosovo (lo que para muchos es la mutilación de su territorio) y una larga lista de acontecimientos cuya lectura puede ser doble.

Por ello, la lectura que la Comunidad Internacional realice de los disturbios sucedidos en la capital serbia debe ser mucho más compleja y profunda que una simple calificación de homofobia. Lo que se vio en las calles de Belgrado aquel fin de semana es mucho más que una reacción. Mi impresión, muy personal, fue que en la calle se vio lo que el sistema educativo serbio, junto a los medios de comunicación y el contexto internacional que rodea a Serbia están creando: jóvenes radicales, dispuestos a la violencia con el fin de defender a su patria. Jóvenes a los que les cuesta reconocer los crímenes de guerra de su gobierno, jóvenes hartos de que desde Europa sólo lleguen críticas a su Estado y que ven como el futuro que les espera de la mano de Europa nunca llegará a ser tan bueno como el glorioso pasado de la Yugoslavia de Tito, cuando la patria era un país fuerte, poderoso, y lo más importante para ellos, independiente.

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